
Recientemente se publicó el Código de Buen Gobierno Corporativo y de Sostenibilidad para las Sociedades Peruanas, de la Superintendencia del Mercado de Valores (SMV).
El documento merece atención de empresarios, directores, gerentes y profesionales de riesgos y cumplimiento. Integra la sostenibilidad con la estrategia empresarial y refuerza la relación entre dirección, prevención, control y transparencia.
Su estructura comprende 42 principios agrupados en cinco pilares: accionistas; directorio y alta gerencia; sostenibilidad; riesgo y cumplimiento; y transparencia de la información. Incluye, además cuatro Anexos de principios complementarios para empresas: estatales, familiares, grupos económicos y startups.
El Código declara que sus principios son de adhesión voluntaria, mantiene el enfoque de «cumplir o explicar» y promueve una aplicación proporcional al tamaño, complejidad y madurez de cada sociedad.
Por tanto, no convierte todas sus recomendaciones en obligaciones legales generales. Es necesario distinguir las exigencias de la legislación, las buenas prácticas propuestas y los compromisos que una empresa incorpora en sus propios instrumentos internos. SMV
El Código promueve directorios con capacidades complementarias, independencia de opinión, disponibilidad y estándares éticos. Propone que al menos un tercio de sus integrantes sean independientes y plantea evaluaciones periódicas del órgano colegiado, sus miembros y sus comités.
También diferencia la administración y el gobierno ejercidos por el directorio de la gestión ordinaria a cargo de la alta gerencia.
Esta delimitación importa. Un directorio necesita conocer los riesgos relevantes, cuestionar los supuestos de la gerencia y verificar las medidas correctivas. Para hacerlo requiere información suficiente y oportuna, sin absorber la ejecución cotidiana del negocio.
Pregunta: ¿El directorio recibe información que le permite decidir y supervisar, o solamente documentos que permiten completar una sesión?
El Código incorpora la sostenibilidad como un pilar propio y la vincula con inversiones, asignación de capital, financiamiento, cadena de valor y continuidad operativa.
Su alcance comprende factores ambientales, sociales y de gobernanza, así como sus riesgos, oportunidades e impactos materiales. También aborda la capacidad de respuesta frente a crisis climáticas, sociales, sanitarias, tecnológicas y reputacionales.
El directorio establece y lidera la estrategia; la alta gerencia debe alinear la operación con ella.
Para comprobar avances, se contemplan indicadores, responsables y revisiones periódicas.
Aquí aporte relevante: las declaraciones empresariales deben poder contrastarse con decisiones, recursos y resultados.
Desde la perspectiva de prevención del lavado de activos, corrupción y fraude, el cuarto pilar merece especial atención.
El Código propone una gestión integral de riesgos que incluya expresamente el lavado de activos y el financiamiento del terrorismo. Busca, además, articular esa gestión con el control interno, la auditoría y el cumplimiento normativo. SMV
GESTIÓN DE RIESGOS
Lavado de activos, financiamiento del terrorismo, corrupción y fraude.
CONTROL INTERNO
Articulación con auditoría y cumplimiento normativo.
ÉTICA Y DENUNCIAS
Conflictos de interés, partes vinculadas y canales de denuncia confidenciales, con protección frente a represalias.
CAPACITACIÓN Y SEGUIMIENTO
Capacitación anual sobre el código de ética y evaluaciones periódicas, con informes y seguimiento de medidas correctivas.
El valor está en integrar la prevención en las decisiones y responsabilidades de la empresa.
Otro aspecto relevante es el tratamiento del gobierno de datos, la inteligencia artificial y la ciberseguridad. El Código contempla privacidad, seguridad de la información, sesgos algorítmicos y controles sobre terceros que acceden a datos. Sitúa en el directorio la responsabilidad de establecer y supervisar las políticas correspondientes.
Para muchas empresas, esto supone revisar qué información tecnológica recibe su órgano de dirección y si cuenta con capacidad para evaluar sus implicancias.
El principal desafío será la implementación. Una empresa familiar, una sociedad emisora y un emprendimiento tienen necesidades y recursos distintos.
Los anexos reconocen esas diferencias y ofrecen criterios útiles para ordenar la sucesión, profesionalizar decisiones, proteger inversionistas y coordinar grupos económicos.
Los órganos familiares no sustituyen a los órganos societarios y la coordinación de un grupo debe respetar las responsabilidades de cada sociedad integrante.

Dr. (c) Daniel F. Ramsay
Socio de Consultoría y SPLAFT
Baker Tilly Perú
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