La IA y el fin de las rentas protegidas: dos historias, una misma lección.

La IA y el fin de las rentas protegidas: dos historias, una misma lección
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Cuando yo estaba en la escuela secundaria, las calculadoras electrónicas recién empezaban a aparecer. Eran caras, y tenerlas era la excepción: yo no poseía una, y solo algún amigo aislado había logrado conseguirse una. Pero incluso esos pocos casos se encontraban con una paradoja absurda: no los dejaban usarlas. Había que hacer las cuentas a mano, en papel, con el mismo método que se enseñaba desde hacía generaciones.

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La calculadora era vista como una trampa, un atajo que le hacía perder al estudiante la “disciplina” de calcular por sí mismo. Con el tiempo, los colegios se dieron cuenta de que esa prohibición había sido un error: la calculadora no eliminaba la necesidad de entender matemática, la liberaba de la aritmética repetitiva para poder pensar en el problema de fondo.

“La IA está pasando exactamente lo mismo en las aulas de hoy, solo que a una velocidad mucho mayor.”

Universidades y colegios reaccionaron primero con pánico: prohibiciones, detectores de “texto generado por IA” de dudosa efectividad, la etiqueta de “cheating” para cualquier uso en monografías y tesis.

Es la misma respuesta equivocada, repetida. El estudiante al que se le enseña a usar la IA para explorar bibliografía, cuestionar sus propios argumentos y acelerar el trabajo mecánico termina pensando en un nivel más alto que el que trabaja solo con lápiz y papel igual que el que aprendió a usar la calculadora pensaba en un nivel más alto que el que hacía raíces cuadradas a mano.

Pero esta vez la historia no se limita al aula. Pensemos en otro ejemplo, de lo más mundano: en Europa, una licencia de taxi puede costar entre 150 y 200 mil euros. Quien la posee tiene un activo que se revalúa y que puede pasar a sus hijos.

La IA y el fin de las rentas protegidas: dos historias, una misma lección

El hijo de un taxista con licencia tiene, en los hechos, la vida más o menos resuelta puede ser inteligente y capaz de hacer

otras cosas, pero si es conformista, simplemente toma la licencia del padre.

Con los robotaxis, el valor de esa licencia va a caer a cero, o casi, y pronto. Ese muchacho inteligente pero conformista va a tener que buscar su desarrollo de otra manera. Al final, probablemente gane él, gane su familia, y la sociedad termine con un ciudadano que aporta más de lo que hubiera aportado atrincherado en una renta heredada.

Estas dos historias, el aula y el taxi son en el fondo la misma historia. La IA no es solo una herramienta que mejora la productividad marginal de quien la usa.

Es el primer disruptor capaz de erosionar, al mismo tiempo, el valor de rentas protegidas en decenas de terrenos distintos: el conocimiento memorizado que antes garantizaba una nota, la licencia que antes garantizaba un ingreso, el título que antes garantizaba una carrera. La calculadora tocó la aritmética. Uber tocó el transporte urbano.

La IA y el fin de las rentas protegidas: dos historias, una misma lección

La IA toca la traducción, la contabilidad, la abogacía junior, la radiología, la programación, el taxi todo en la misma década. Nunca antes tantas barreras de entrada perdieron valor al mismo tiempo.

Eso no significa que la transición sea gratis. Cuando el valor de los medallones de taxi se desplomó en Nueva York con la llegada de Uber, no fue una liberación silenciosa: fue una crisis de deuda, con familias que habían hipotecado su casa para comprar el medallón y que terminaron arruinadas cuando el activo se derrumbó.

La velocidad y el manejo de una transición determinan cuánto de la ganancia neta para la sociedad se cobra en sufrimiento evitable en el camino.

Eso es real, y las instituciones educativas, gremiales, regulatorias tienen la responsabilidad de suavizar ese golpe, no de negarlo. Pero la dirección del cambio es correcta, y resistirla es la misma equivocación de siempre: la de prohibir la calculadora, la de proteger la licencia, la de fingir que el mundo de ayer puede sostenerse por decreto.

Las instituciones que sigan combatiendo esto pierden dos veces  forman estudiantes que usan la IA a escondidas y mal, y protegen rentas que de todos modos van a caer, solo que más tarde y con más dolor acumulado.

Las que se animen a enseñar el uso crítico de la herramienta, y a gestionar con cuidado la transición de quienes pierden su renta protegida, van a terminar con algo que vale mucho más: una sociedad con el talento mejor asignado que la que tiene hoy, en lugar de gente inteligente estacionada donde la protección regulatoria, y no el mérito, la puso.

La IA y el fin de las rentas protegidas: dos historias, una misma lección

 

Dr. Luis Cortavarría

Consultor internacional especializado en temas bancarios para organismos internacionales.

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